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18.ago 2019
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Memoria de unos mapuche que zapateaban y cantaban por sus tierras en un tribunal de la República

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mapuche

 

“Es cosa muy de oir y notar el rumor y estruendo que toda aquella turba junta hace, puesto que sin pronunciar palabra, hace cada uno con la boca un rumor semejante al susurro que hacen las abejas, aunque más levantado; y en el mismo tiempo, con tan confuso ruido (…) hieren todos juntos con los talones en el suelo, de suerte que parece que tiembla la tierra”

Maestre de Campo Alonso González de Najera,
Desengaño y Reparo de la Guerra de Arauco, 1614.


Una mañana de invierno del año 2001 en el Tribunal de la ciudad de Victoria, en el sur de Chile, más de cincuenta comuneros mapuche, hombres y mujeres de la comunidad Domingo Trangol acompañaron a su lonko y werkenes -jefe y mensajeros- quienes serian sometidos a una audiencia de revisión de prisión preventiva, imputados del delito de asociación ilícita y usurpación de ciertas tierras.

Tierras que de acuerdo a la memoria oral de la comunidad, les pertenecían a sus antepasados, y que no les fueron reconocidas por una comisión estatal chilena a fines del siglo XIX- La “Comisión Radicadora” después de la invasión militar. A esas tierras, al igual que cientos de comunidades, les llaman sus “tierras antiguas” y sus deslindes, significados y paisajes han conservado en la memoria colectiva por generaciones.

Las acusaciones penales que ese día de julio de 2001, en un país democrático, pesaban sobre tres dirigentes indígenas, aludían a las acciones de recuperación material de las tierras reclamadas por parte de la comunidad Trangol, a la que sus dirigentes habrían incitado. Acciones que no eran ni aisladas, ni nuevas.

En efecto, al igual que la comunidad Domingo Trangol, centenas de comunidades mapuche reclaman sus tierras antiguas, en lo que en Chile se ha denominado el “conflicto mapuche”. En el caso de la comunidad Domingo Trangol tal reclamo de tierras lo ha hecho presente en diversas ocasiones a lo largo de más de un siglo. Lo del 2001 era un episodio más de una larga saga.

* * *

El relato de los ancianos cuenta que después de resistir el desalojo de 1880, ya en 1911, al igual de cientos de comunidades mapuche, los Trangol se presentaron ante una Comisión Parlamentaria que visitó las provincias del sur de Chile investigando los múltiples conflictos de tierras de la época; allí expusieron que sus posesiones antiguas no habían sido reconocidas, y exigieron les fueran restituidas. Luego en los años 20, presentaron su caso ante el abogado Protector de Indígenas, y en los años 30 hasta los años 50 del siglo XX reclamaron en los juzgados de indios. Al igual que cientos de comunidades, nunca obtuvieron respuestas satisfactorias a sus reclamaciones.

Así hasta 1970. En ese tiempo muchas comunidades ya no esperaron más y, al igual que cientos de mapuche, participaron de un masivo proceso de recuperación de tierras conocido como “el Cautinazo” que comprendió a todo el sur de Chile. “El Cautinazo” fue un hito que cambio la historia mapuche contemporánea y que hoy forma parte de los marcos de la memoria colectiva del sur de Chile. Una memoria emblemática. El cambio político nacional de la reforma agraria y el triunfo de Allende abrió para los mapuche la oportunidad para plantearse la recuperación de sus tierras ancestrales, aquellas que estaban en la memoria, pero tras el golpe de estado de 1973 esas tierras nuevamente solo quedarían en la memoria.

* * *

En febrero de 2001, en democracia, después de más de una década de plantear en diversas oficinas estatales su reclamo, otra generación de la comunidad Domingo Trangol, encabezada por sus autoridades tradicionales, nietos y bisnietos de los areduccionados del siglo XIX, nuevamente emprendía acciones para recuperar las tierras antiguas. La respuesta estatal no se dejó esperar y recurrió sin más trámite a esa última ratio que es el derecho penal y acusó a los dirigentes con los cargos ya señalados: "asociación ilícita y usurpación".

Por su parte los latifundistas de la zona se organizaron en grupos paramilitares y comenzaron una serie de actos de hostigamiento a la comunidad; la elite de colonos de la ciudad de Victoria estaba indignada con el solevantamiento de los indios.

En junio de 2001 quedaron detenidos tres dirigentes de la comunidad. Como parte de las pruebas de la "asociación ilícita" se señalaron los cargos tradicionales de los imputados y su estructura comunitaria ! Y como parte de la prueba de la "usurpación" se argumentó el hecho de que los imputados y su comunidad no tenían ni nunca habían tenido título alguno que estableciera que aquellas tierras que reclamaban les habían pertenecido. Un mes más tarde correspondía revisar la medida de prisión preventiva.

Aquel día de invierno del 2001, más de cincuenta comuneros habían salido de sus casas a las 6 de la mañana rumbo a Victoria, para acompañar a sus dirigentes y llevárselos de regreso. Llenaron la pequeña sala del tribunal con su presencia, abrigados en su mantas los hombres, ceñida las frentes con el cintillo trarilonko que hace el pensamiento recto, envueltas en sus chamales y cubiertos los pechos de las mujeres con sus trapelakuchas de plata antigua, esa que protege de los males, ceñidas las cinturas con esas fajas que protegen la vida. Alli estaban los ancianos y los jóvenes, hombres y mujeres, portando sus trutrukas y pifilkas –instrumentos de viento hechos de caña o de madera-; todos parientes y vecinos, descendientes del linaje de los Trangol. Entre ellos estaba la machi con su kultrún, tambor ceremonial que en su tela de cuero representa los cuatro puntos cardinales del wallmapu, el territorio mapuche, y cuyo tam-tam convoca a las fuerzas de la tierra.

“¡Cuáles son sus títulos!” exclamaba la Jueza de Garantía en la audiencia de julio de 2001, “¡Cómo creen que son sus tierras!” vapuleaba a los imputados dirigentes de la comunidad Domingo Trangol. Y los comuneros mapuche que repletaban la sala escuchaban entre estupefactos, impotentes e inquietos. No habían viajado para presenciar esa escena. El silencio y la mirada penetrante de los imputados y de esa sala repleta de trangoles parecían incomodarle a la magistrada. Molesta, ratificó la orden de prisión de los dirigentes y la jueza golpeó seco el martillo del Tribunal dando por concluida la audiencia.

En ese preciso instante, desde el fondo de la sala, la machi comenzó a golpear con toda su fuerza el kultrún, el tambor sagrado, y a entonar el ul de la comunidad, el canto que cuenta que esas tierras les pertenecen, que allí esta su fuerza, su newen, que son las tierras de sus ancestros, su mapu.

En un instante dos golpes, dos poderes, dos mundos, se enfrentaban. La fuerza legal del estado de Chile y la fuerza de la memoria mapuche.

* * * 

Dicen que fue cosa de segundos. Los gendarmes, que custodiaban la audiencia, hicieron callar de inmediato a esa mujer de mirada ardiente y voz aguda que tocaba el tam-tam del kultrun y cantaba en medio de un tribunal de la República; acto que fue de inmediato resentido por los comuneros que veían como en instantes se ordenaba la prisión de sus dirigentes y por otro lado se faltaba el respeto a una autoridad tradicional.

Comenzaron a gritar al unísono en mapudungun – la lengua de la tierra- repudiando a la justicia chilena, y empezaron a tocar sus trutrukas y pifilkas, golpeando el suelo con sus pies al ritmo del canto de sus derechos y a darse fuerzas en gritos de marrichieweu! y un kefafan, aquel susurro como de las abejas que describían los cronistas del siglo XVII.

La Jueza, los gendarmes, fiscales, funcionarios y escribanos, ciudadanos del siglo XXI entraron en pánico y pidieron refuerzos policiales.

* * * 

Aquel instante de choque de mundos, ese segundo y su impenetrable secuencia, quedó como una caja negra para la parte chilena ¿Qué ocurrió?

El hecho fue rotulado como “Delito de atentados y desacatos contra la autoridad”. Y se abrió un nuevo juicio. En ese otro juicio causa ROL 0100037260-5 que se llevó a cabo un año más tarde por delito de atentados y desacato contra la autoridad, un gendarme atestiguó y resumió así los hechos del invierno del 2001, según reza el expediente: “cincuenta mapuches se habían tomado el Tribunal, zapateaban y cantaban”.

 * * *

Cantaban y zapateaban. Ese canto de los Trangol en un tribunal de la República, era la exhibición de sus “títulos”, el registro oral de sus derechos ancestrales sobre sus tierras antiguas, que están en la memoria de la comunidad. El zapateo era el tributo a esas sus tierras.

Su memoria es la misma que se refleja en la toponimia de su territorio, en los nutram de los linajes Trangol, en los ul de los ancianos, en el nguillatun, memoria que se declama en los wuepin que despiden a cada difunto al llevarlo a la morada junto a sus ancestros mirando hacia donde sale el sol, y se cuenta las luchas, los ascendientes, las travesías a los descendientes, memoria que se conversa en torno al fogón, en la narración que ha escuchado cada niño de la comunidad Trangol y cada mujer y cada anciano desde que era niño: esas tierras, hasta donde llega el rio, hasta donde empiezan las lomas, son nuestras tierras, porque allí está el newenmapu, alli los huesos, allí los menokos, alli el viento, allí el silencio, la memoria de los ancestros. ¿Quién lo dijo? Los antiguos.

* * * 

 


 

Victor Toledo LLancaqueo
2006

Fragmento del artículo "La memoria de las Tierras Antiguas tocando a las puertas del derecho. Politicas de la memoria mapuche en la transición chilena".  En. F. Gomez (ed) El Derecho a la memoria, Univesidad de Deusto, Bilbao, 2006.

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Declaración Sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas

Artículo 26

1. Los pueblos indígenas tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseído, ocupado o de otra forma utilizado o adquirido.

2. Los pueblos indígenas tienen derecho a poseer, utilizar, desarrollar y controlar las tierras, territorios y recursos que poseen en razón de la propiedad tradicional u otra forma tradicional de ocupación o utilización, así como aquellos que hayan adquirido de otra forma.

3. Los Estados asegurarán el reconocimiento y protección jurídicos de esas tierras, territorios y recursos. Dicho reconocimiento respetará debidamente las costumbres, las tradiciones y los sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas de que se trate.

Artículo 28

1. Los pueblos indígenas tienen derecho a la reparación, por medios que pueden incluir la restitución o, cuando ello no sea posible, una indemnización justa, imparcial y equitativa, por las tierras, los territorios y los recursos que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utilizado de otra forma y que hayan sido confiscados, tomados, ocupados, utilizados o dañados sin su consentimiento libre, previo e informado.

2. Salvo que los pueblos interesados hayan convenido libremente en otra cosa, la indemnización consistirá en tierras, territorios y recursos de igual calidad, extensión y condición jurídica o en una indemnización monetaria u otra reparación adecuada.

 

 

 

Tierras Ancestrales y Tratados de Derechos Humanos

Recomendaciones a Chile respecto a las Tierras Ancestrales. ONU Comité de Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos

CCPR/C/CHL/CO/5, 17 Abril 2007

19. (...)  el Comité manifiesta su preocupación ante las varias y concordantes informaciones recibidas en el sentido de que algunas de las reivindicaciones de los pueblos indígenas, principalmente del pueblo Mapuche, no han sido atendidas y ante la lentitud de la demarcación de las tierras indígenas, lo que ha provocado tensiones sociales.

El Comité lamenta la información de que las “tierras antiguas” continúan el peligro debido a la expansión forestal y megaproyectos de infraestructura y energía. (Artículos 1 y 27)

El Estado parte debería:

a) realizar todos los esfuerzos posibles para que sus negociaciones con las comunidades indígenas lleve efectivamente a encontrar una solución que respete los derechos sobre las tierras de estas comunidades de conformidad con los artículos 1 (párrafo 2) y 27 del Pacto. El Estado parte debería agilizar los trámites con el fin de que queden reconocidas tales tierras ancestrales.

b) Modificar la ley 18.314, ajustándola al artículo 27 del Pacto y revisar la legislación sectorial cuyo contenido pueda entrar en contradicción con los derechos enunciados en el Pacto.

c) Consultar con las comunidades indígenas antes de conceder licencias para la explotación económica de las tierras objeto de controversia y garantizar que en ningún caso la explotación de que se trate atente contra los derechos reconocidos en el Pacto.

 

21. (...)el Estado Parte debería proporcionar, en el plazo de un año, la información pertinente sobre la evaluación de la situación y el cumplimiento de las recomendaciones del Comité contenidas en los párrafos 9 y 19.

Las tierras ancestrales en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

"1) La posesión tradicional de los indígenas sobre sus tierras tiene efectos equivalentes al título de pleno dominio que otorga el Estado;
2) La posesión tradicional otorga a los indígenas el derecho a exigir el reconocimiento oficial de propiedad y su registro;
3) los miembros de los pueblos indígenas que por causas ajenas a su voluntad han salido o perdido la posesión de sus tierras tradicionales mantienen el derecho de propiedad sobre las mismas, aún a falta de título legal, salvo cuando las tierras hayan sido legítimamente trasladas a terceros de buena fe; y
4) los miembros de los pueblos indígenas que involuntariamente han perdido la posesión de sus tierras, y éstas han sido trasladas legítimamente a terceros inocentes, tienen el derecho de recuperarlas o a obtener otras tierras de igual extensión y calidad"

"Desconocer las versiones específicas del derecho al uso y goce de los bienes, dadas por la cultura, usos, costumbres y creencias de cada pueblo, equivaldría a sostener que sólo existe una forma de usar y disponer de los bienes, lo que a su vez significaría hacer ilusoria la protección del artículo 21 de la Convención para millones de personas"


Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Sawhoyamaxa vs Paraguay.
Interpretación autorizada y vinculante para todos los estados parte de la Convención Americana de Derechos Humanos

Chile. Bicentenario, Presupuesto Público y Políticas Indígenas

En su Bicentenario el Estado de Chile destina a políticas indígenas sólo un 0,34 % del presupuesto público

Porcentaje

 Fuente. Ministerio de Hacienda, Dirección de Presupuesto
Leyes de Presupuesto del Sector Público Chile 1994- 2010

Nota:Presupuesto de políticas indígenas: incluye TODOS los items destinados a programas indígenas registrados en las leyes de presupuesto : Conadi, BID Origenes, Salud, Educación,  Mideplan, Pro empleo, Gores, Vialidad.

Ver  Estudio sobre Presupuesto y Políticas Indígenas en Chile