
Se estima que, si nada se hace, la mitad de los 6.000 idiomas hablados actualmente en el mundo desaparecerá en unas décadas.
La pérdida de un idioma constituye un empobrecimiento para la Humanidad, un retroceso en la defensa del derecho de todo pueblo y persona a ser escuchada, a aprender y a comunicarse.
Sin embargo, este proceso no es ni inevitable ni irreversible: políticas lingüísticas bien planificadas e implementadas, con presupuesto público suficiente, pueden reforzar los esfuerzos actuales de las comunidades de hablantes de mantener o revitalizar sus lenguas maternas y transmitirlas a las generaciones más jóvenes.
Ver: "Atlas UNESCO de las lenguas del mundo en peligro"
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